Història, Portada, Quart de les Valls

“LA CASETA DEL RETOR II” – QUART DE LES VALLS

Jose-Bea---Blog

HISTÓRIAS, COSTUMBRES Y TRADICIONES.-“LA CASETA DEL RETOR.” QUART DE LES VALLS

Capitulo – II

En el monte, término de Quart de les Valls, existe una loma casi unida al monte “La Creu” que se denominaba, “La Cachola”, digo que se denominaba, porque hoy se le conoce como “La Caseta del Retor”, porque dos nombres, porque esta loma tiene una historia.

Yo la he conocido de siempre como “La Caseta del RETOR”, de chaval los domingos con los amigos, subíamos de excursión, no sé porque, pero nos gustaba subir, no sé si seria por ver la “Caseta”, o lo que quedaba de ella, o porque había sido del cura D. Marcelino, o por los comentarios que nos hacían los mayores. Siempre he tenido una cierta fascinación por lo que contaban de la “Caseta”, y de otras historias, pero la historia completa nunca la he sabido.

Por eso cuando José Queralt, me hizo llegar el cuaderno de “Tres Relatos Cortos”, y en él estaba la historia de la “Caseta del Retor”, me embargo la satisfacción de poder publicar esta historia.

Porque lo que no se olvida, aparte de las vivencias, es lo que se escribe, y lo que se publica.

JOSE BEA

Delante de la casa, que estaba orientada hacia el Este, construyeron una gran mesa redonda de piedra y cemento, con sólidos asientos, también de piedra, alrededor de la misma, que la usaban para las meriendas y comidas al aire libre en los meses de verano. Luego seguía una explanada hasta el despeñadero que cierra la loma por esa dirección, donde instalo una amplia verja de hierro, sostenida por dos pilares, que servía de esplendido mirador, y para evitar que en algún descuido alguien se despeñara.

Caseta-Retor-2Poseía una burrita de pelaje blanquecino, y cuando terminaba las obligaciones parroquiales, la pertrechaba, ponía las vituallas y enseres que necesitaba en los serones y por la zigzagueante vereda, subía hacia la loma de “la cachola”, que desde entonces la “voz populi” le cambio el apelativo, pasado a conocerse el lugar como “La caseta del Retor”.

En el inicio de la guerra civil en 1936, D. Marcelino ya estaba como cura de la Parroquia del pueblo sus buenos treinta años.

Por los contactos que siempre tuvo y mantuvo con el estamento castrense, y personajes de relieve de la política valenciana, algo sabría o se barruntaría de lo que iba a suceder ya que antes de que se  iniciase la revuelta militar, llevo a cabo un trabajo muy especial que seguidamente trataremos de relatar.

Caseta-Retor-3(Lo que sigue está contrastado de conversaciones mantenidas con una persona, vecina del pueblo, que falleció hace ya muchos años. Esta persona, devota, muy fiel y de total confianza de D. Marcelino, fue la que le ayudo, secretamente, a intentar salvar algo, aunque fuera mínimamente. Porque tenía constancia de lo que estaba próximo a suceder. )

En él tras/altar de la iglesia existían, o todavía existen, una serie de vericuetos, oquedades, tramos que parecen escaleritas y no lo son…, en fin, un pequeño laberinto que los monjes sabrían aquellos laberinticos pasajes porque los hicieron así.

Por uno de estos pasadizos, se llega a la parte alta  de la Capilla de la Comunión. Aquel lugar da, o daba la impresión de una gran sala que dejaron sin terminar cuando construyeron la Iglesia. El techo de la mencionada Capilla es abovedado, y en la parte superior existe un largo hueco donde se apoya la bóveda  en las partes laterales que la sostienen.

D. Marcelino bendiciendo la Fuente. - Abril 1920

D. Marcelino bendiciendo la Fuente. – Abril 1920 – Arxiu: José Queralt


En estos abiertos espacios entre las paredes verticales y el apoyo de la bóveda escondieron, debidamente protegido para que no se estropease, casullas antiguas, capas pluviales, y los objetos manejables de gran valor artístico, intrínseco y sentimental, ya que procedían de la época en que los frailes servitas construyeron el convento e iglesia, como cálices, patenas, Cruz de Guía, “Lignum Crucis”, incensarios, gavetas para el incienso, todo ello de plata y oro, así como alguna imagen de pequeño tamaño. Luego lo cubrieron de cualquier manera con aljezones, restos de la antigua obra que por allí estaban dispersos y todo lo que encontraron a mano procurando dejarlo de un modo caótico y desordenado, para que diera la sensación de que aquello estaba allí desde siempre sin ocultar nada en sus entresijos.

Lo cierto y verdadero fue que por aquellas estancias no subió nadie, o si subieron no vieron nada extraño. Es lo único que se salvo de la quema, aunque, cosas que pasan, el merito de la estratagema se lo adjudicara alguien que durante años fue tejiendo una tupida tela de araña, que alcanzaba a todos y cada uno de los vecinos, antes, durante y después, que no había intervenido en el trabajo, pero sabía, por su red, algo o mucho de lo que se tramo sin su intervención.

Un tiempo después de terminada la contienda 36/39, D. Marcelino volvió al pueblo, y en aquellas dificultosas circunstancias, dio la talla del mucho amor y cariño que conservaba por el pueblo de Quart y todos los vecinos en general, realizando comprometidas e impagables gestiones ante las superiores autoridades, tanto civiles como militares, a favor de los mozos que se alistaban para el servicio militar, buscándoles, (a instancias de los padres de los mismos), lugares más cercanos para ellos y sus familiares de los que les había tocado en el sorteo que se realizaba en aquellos tiempos. Además de otras gestiones más comprometidas para el mismo, para tratar de paliar algún asunto de orden militar muy escabroso y singular.

**************

La Caseta del Retor.- archivo S. Arrando

Arxiu: Sergi Arrando

La “Caseta del Retor”, tampoco se libro de aquella nefasta época de la destrucción y la rapiña sólo por ser de quien era, (que delito cometió ella). No solo se dieron por satisfechos con destruirla, sino que los materiales aprovechables como tejas, ladrillos, vigas, puertas, azulejos, etc., desaparecieron de allí y no se supo, aunque se suponía, que camino tomaron los materiales expoliados. Solo quedaron en pie algunos pilares y restos de paredes y tabiques sin ningún provecho.

Como relatamos anteriormente, D, Marcelino volvió al pueblo donde estuvo al cargo de la Parroquia durante algún tiempo, pero no quiso subir a su monte. Bastante tenia, decía él, con ver desde el pueblo el “esqueleto” en que habían convertido la casa de sus ilusiones y que tantos años le costó levantar.

Caseta-Retor-1

Arxiu: José Queralt

De aquí, ya muy mayor se fue como cura al Sanatorio de la Malvarrosa en la playa de Valencia, donde el cuidado espiritual de los enfermos allí acogidos caritativamente, termino su ministerio y su vida.

D.Marcelino Fernández Gómez, falleció por los años sesenta de pasado siglo, y al entierro en su pueblo natal de Torrente, se desplazo un autobús con una nutrida representación de autoridades y vecinos de nuestro pueblo

“Laus Deo”

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JOSÉ QUERALT DIANA

CRONISTA OFICIAL DE QUART DE LES VALLS

 

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